EN VISPERAS DEL FIN DEL MUNDO

jirafadibujo

 









        

 
 
 

 

¡LA SEÑORA DE LOS ANILLOS! (A mi amiga Rosi la Xoxo, pesá!! Y ni se te ocurra descalzarte...)

Bien, de, des, después de mi aventura con la jamona aquella que me dejó exánime y del ridículo de mi paseo pel carrer Major en bolillas y piruleta, pasé unos días amedrentado sin sacar la nariz del cubil, lamiéndome las heridas como perro en callejón, como quien dice, y poniéndome talco en los cataplines, yendo con los gayumbos enharinados a todas partes.

En el plano sexual, andaba más asceta que un cátaro, pensando, como ellos, que eso del sexo era cosa de Satán y que éste, que nunca se ve pero que siempre está ahí dando la murga y buscándoles la ruina a las buenas gentes, la había tomado conmigo. Desde el affaire aquel con la tetona, apenas si dirigía alguna mirada furtiva a mis partes, embadurnadas ahora de talquistina y con un emplaste de toallitas húmedas relleno de tallos de soja que me había recomendado un amigo macrobiótico, diciendo que era mano de santo, el cual formaba en la entrepierna un paquete similar a un dodotis de recién nacido. Huía de las burlas de mis amigos, de los "Valentón, Semental, Picha larga,.." y similares motes con los que me recibían en el pafeto a la hora de tomar la “dinaora” –cazalla typical valenciana que corroe el esófago a fuego lento, para quien lo quiera saber-, a lo que yo les recordaba a su pu, pu, puta madre per, pero no había manera.

Como habréis notado, un pequeño tartajeo se había apoderado de mi desde el pasmo con la hembra-máquina de follar aquella y mi huída en bolas entre los pajes en la cabalgata de los reyes magos; tartajeo que daba lugar a nuevas burlas de los gilipollas que Dios me había dado por amigos.

Y así fue, bajo el influjo de la cazalla mayormente, como surgió la idea un viernes a medio día. Alguien que se había trasegado ya la tercera, después de casi atragantarse con el vaso de agua que sigue al bebedizo, alcohol puro, oiga, eufórico y borracho, apuntó a voz en grito que había un sitio donde se ligaba a tutiplen –bueno, en realidad dijo que se follaba a tutiplen, dejémonos de alegorías que akí estamos entre adultos- Refirió cierto local de Benidorm infestado de machuchos (del valenciano popular “maxuxo”, que es algo así como macho o macha que se quedó para vestir santos, dándole la vara a sus ancianos padres NE*) de ambos sexos, donde tirabas una polla al aire y no llegaba a tocar el suelo; hordas de mujeronas entradas en años y en carnes se tiraban en plancha a por la longaniza, levitando como si fueran el mismo Neo de Matrix. Era visto y no visto, como si la polla fuera abducida y pasara a otra dimensión, oye. El ligue era seguro- concluyó el amiguete calvo y panzón, bajo el influjo-reflujo del aguardiente valenciano, clamando un estentóreo y ostentoso “No hi haurà ningú que ens detindrá; mos les follarem a totes!”, frase que produjo el efecto galvanizador deseado entre la peña, como en las manifestaciones esas contra el gobierno en las que uno se siente tan bien, encorando todos a voz en pecho un sonoro: “Si Señor, mos les follarem, mos les follarem!!”.

Así que, en parte por el valor y arrojo que nos daba la cazalla, y en parte para que no nos diera la brasa por lo pesado que era el amigo, y también para salir del aburrimiento que nos apalancaba los fines de semana en el “poble”, (pueblo en valenciano, NE) le seguimos la bola y quedamos para salir esa noche de excursión sexual hacia aquel Palacio del ligue y del cachondeo. Yo, ya di, di, digo, no lo tenía muy claro, o mejor dicho, lo tenía aún enrojecido, por lo que apenas participaba del entusiasmo general, claudicando ante la idea del Elías –que tal nombre le habían puesto los padres a mi amigo gordo panzón en la pila bautismal- sólo para evitarme nuevas burlas y acusaciones de la basca de cagao, manso y todo eso.

Lo cual que así sucedió y así os lo cuento. Salimos los cinco machuchos del pueblo en el monovolúmen cantando desde Santurce a Bilbao con alguna ligera variación en la letra: “Desde Santurce a Bilbao mos les follarem a totes…”, venía a decir el estribillo. Y, como ya es sabido, las tonterías que puede decir un tío borracho las deciamos todas multiplicadas por cinco, de modo que no las repetiré para no gastar papel. Imaginaros 5 tíos mamados, los listos del pueblo…, uno de ellos escaldado de la entrepierna… a la caza para su falcón cebar, como el infante Arnaldo. Qué os voy a contar, de oírnos aullar en el monovolúmen pasando entre Murla y Benixembla, parecía que ninguna tía en mil kilómetros escaparía de ser follada hasta la extenuación…

Y allí fue llegar, tras un buen kilometraje entre montañas y comarcales haciendo eses de la tranca que llevábamos, ya os digo, a un local con pinta de sala de fiestas de los 70, cuando el Dúo Dinámico aún parecía joven, donde especulaban mayormente decenas de tías ya maduras con fuego entre las piernas y tipos calvetes y rechonchos, también por decenas, incendiados mismamente en sus partes impúdicas, yendo a caer los cinco galanes, o sea, nosotros, en la barra del fondo para pedirnos la cazalla y el cubata de rigor, uso y costumbre estética también llamada aguantar la barra...

-         Bailas, nen?-, me soltó una voz estentórea cerca de la oreja, mientras me sobaba el hombro al trasmano, con una mano, -valga la rebuznancia-, pesada y garruda como la zarpa de King Kong.

-         Bueno, yo venía sólo a tomar una copa, Señora. - Aduje educado, para no faltarle el respeto, pues su edad rondaba la de mi abuela, mientras, un tanto cohibido, escondía receloso el paquete hacia el que la tiaca aquélla comenzaba a dirigir su otra mano sin mucho disimulo.

-         Pues hay que joderse con los tíos de ahora, nunca queréis bailar, como si os dieran miedo las mujeres, - Soltó la tigresa madura- Y el caso es que me gustas un montón y te haría un hombre bien a gusto…

Rápidamente pensé para mi que, como pintaba la cosa, mejor quedarse en adolescente…, pero la tía no paraba..

-         Enga, no seas así, un bailecito, mi vida. - Soltó mientras me metía en la oreja una lengua que parecía el tentáculo que pierde Alien, el octavo pasajero, cuando le pillan los cojones en la trampilla de la nave; una lengua líquida y lúbrica que me erizó el espinazo en un combinado de puro placer y terror al mismo tiempo.

A todo eso, mis amigos vagaban perdidos por la sala a la búsqueda de los 9 segundos de felicidad, (alegoría del orgasmo, para los más lerdos. NE) sin percatarse de mis problemas, de modo que allí estaba yo solo frente al destino, o sea, frente a las manazas de la pantera aquella entrada en carnes.

- Ven, ven cariño, no seas idiotilla, - Al oír el pequeño insulto, si bien que cariñoso, pensé que aquello acabaría mal; que igual a la menda le iba la disciplina inglesa y me dejaba hecho unos zorros, pero le seguí el juego riéndole la gracia, pensando que, si me iba a escabullir en cuanto pudiera, mejor disimular y evitar su furia, aunque desde luego que me dijera idiota así a la primera de cambio no me hacía mucha gracia. La tía penca, podría insultar a su abuela! –Pensé para mi, cuidando que no se me escapara el pensamiento para no llevarme una leche …

- Es que no se bailar..

- No te preocupes, marujo, déjate llevar, yo te guío… al camastro, ladrón!, que ese paquete tiene que ser mío, ja, ja, - Aflojó la menda, pensando yo para mi que la tía se estaba desinhibiendo, incendiada en sus ansias por la visión tridimensional del paquete... - Madre mía, cuando descubra el asunto!., pensé para mi.

- Y jugaremos al juego del anillo, corre corre que te pillo, ja, ja - Siguió la tetona..

Rehuí como pude los tentáculos de la Señora, cambiándome de lado y haciendo como que me rascaba la espalda, pero siguió un intercambio fluido de frases banales, un huí, huí, ji, ja, ja, ja de escaso interés para ti, amable lector, siendo lo cierto que al cabo de un par de güisquis ya estaba yo cata tónico ripioso y la tía aquella tirándome mano como si el paquete fuera de su entera propiedad, pese a rehuir yo el combate cuerpo a cuerpo, aunque a esas alturas mis defensas habían cedido como castillo de naipes ante una patada.

La tía, impasible al desaliento y a mis excusas, continuaba sobando y sobando el paquete y debió notar algo raro, en la textura o en la forma..., determinándose a salir de dudas y abordar directamente el asunto.

-         Oye, y si nos tomáramos el último trago e mi casa y te enseño el juego del anillo…

-         Bueno, es que he venido en el coche con unos amigos…

-         Sí, ya te vi., con esa pandilla de palurdos pajilleros que entraron con los cojones colgando dando el número del pueblerino que se la casca todos los días? –Menudo vocabulario, pensé para mí, parece el de mi abuelo cuando arreaba las mulas.

-         Enga, yo te llevo luego a tu pueblo, no te preocupes, –lo que quede de ti, ja, ja, -Añadió bajando un poco la voz, lo que hizo que estremeciera un poco.

Y mientras me decía eso ya me estaba sacando en volandas del local, enfebrecida y loca de lujuria, con manoseos y más manoseos, como si me estuviera amasando, debiendo confesar yo en honor a la verdad que a esas alturas notaba un cierto movimiento en el emplaste de tallos de soja y que “aquello” comenzaba a evolucionar, sin saber bien en qué sentido..

Pues bueno, la tía, te lo puedes creer,  tenía un picadero en Benidorm Beach, adonde me llevó a toda hostia saltándose todos los semáforos en rojo que pudo saltarse y con el volante en una mano y la otra apretujándome la soja. Lo cual que tocaba y retocaba y no acababa de resultarle familiar la textura de mi paquete, por lo que me dirigía miradas equívocas... - Hosti, - pensé para mi-, como le de por creer que soy un transexual la tía esta me capa... Será mejor que le cuente la verdad...

Sin embargo, ni fue necesario ni hubo tiempo, porque, visto y no visto, en unos minutos estábamos subiendo por el ascensor a su cábila y, apenas cerrada la puerta tras sí, se abalanzó sobre mi como una jugadora de rugby dispuesta a placarme saltándose del reglamento hasta las comas...

-Dios bendito! Y esto qué cóño es! - Tronó mirándome de forma amenazante mientras sacaba en la mano los brotes de soja blancos por la talquistina. - ¿Qué coño es esto tío? - ¿Eres un depravado o qué?- ¿Te pones con la soja...?. Qué guarro eres, no!. Eso nunca lo he probado yo…

Y, más allá de que mis explicaciones la convencieran o no, la tía comenzó a quitarme la soja y las toallitas y a toquetear mi triste pelila como si fuera un trofeo bien ganado, mientras asentía a mi discurso sobre las propiedades curativas del emplasto de soja y talquistina, pensando que sin duda tenía ante sí un buen ejemplar de subnormal... particularmente depravado.

- Hombre..., aún así no estás mal provisto. -Dijo sosteniendo el colgante... No es lo que yo me había imaginado, desde luego, pero te defiendes..

Y dicho y hecho, y pese a mis protestas, ahora sí comenzó a manosear la cosa a lo bueno, haciéndole fiestas y fiestas como una posesa a un fetiche, tumbándome sobre la cama mientras con la otra mano abría el cajón de la mesita de noche.

Y ahí fue el llanto y el crujir de dientes, porque, lejos de compadecerse de mis ronchas en carne viva, la tía se empeñó en encasquetarme un artilugio que decía recién traído de América por su prima, que vibraba y hacía no se qué, último grito de la tecnología sexual.

Y véase ahí a mi tratando de protegerme el pirulí y a ella furiosa como una cabra en celo tratando de enfundarme el artilugio por las buenas o por las malas, una cosa un poco viscosa, como de gelatina. Y la muy cabrona me estaba casi descoyuntando el aparato genital de tanto estirar para meterle el anillo y yo trataba de retraerlo y era ello, como se dice en vulgar, un puro tira y afloja. Y de pronto tal parece que consiguió su objetivo, pues, con un empujón seco, me sacó con una mano el glande a la intemperie, como huérfano de padre, enrojecido y temeroso, al tiempo que me metía con la otra el artilugio hasta el fondo mientras me sujetaba contra la cama con las piernas, montada sobre mi a horcajadas y haciendo su peso el resto... Y fue entonces cuando la loba rijosa, sin darme un segundo de respiro, apretó un botón del aparato mientras decía "Me la tienes que meter con esto puesto..., me oyes?, con esto puesto..." -Y ahí fue la de Dios, porque aquello comenzó a vibrar y yo notaba como si me estuvieran arrancando el trasto, y la tía decía: -Ven, hostia, no te vayas! Y yo me sentía en las últimas, con aquello vibrando y vibrando, como si alguien me estuviera arrancando la minga con unos alicates. Intenté parar aquello como fuera, pero no había tu tía. Un zumbido como de despertador eléctrico y un dolor horrible, y sin poderme zafar de la pervertida aquella hasta que conseguí darle un empujón y caímos los dos rodando fuera de la cama, momento en el que sali echando hostias hasta la puerta. Pero la muy cuca la habia cerrado echando el pestillo del blindaje y sólo quedaba el balcón como vía de huída a lo Spiderman -pillado en corral ajeno... follando-, siendo la suerte que estábamos en un primero... La tía intentó cortarme la retirada pero yo fui más rápido y en un pis pas allí estaba saltando al vacio y resguardándome, desnudo y con los restos del emplaste y el anillo al aire libre, o sea, detrás de un seto del jardincillo de la comunidad, manoseando en el puto aparato que no se paraba ni a la de tres a ver si podía detenerlo..

La tipa, entre tanto, enfebrecida como un búfalo y con aproximadamente sus mismos kilos de humanidad, asomaba el torso por el balcón haciendo aspavientos y dándose a dios y al diablo, gritando como una poseída mientras exhibia a quien los quisiera ver dos tetas, enormes como balones de reglamento, de los que la FIFA usa en el mundial de futbol:

- Mira lo que te pierdes, mamón! - Marica, desgraciado... -Pueblerino, cochino... - Inútil, mamón!

Lo cual que, puestos a elegir, andaba indeciso y no sabía con qué insulto quedarme, la muy puta!., pero para no perder el tiempo pensándolo, pues no era esa la ocasión, metí pies en polvorosa intentando huir del dolor y de mi mala suerte. Así que salí a toda leche rumbo a donde fuera, pensando en meter la pilila en el agua para cortocircuitar aquello y aliviarme como fuera, buscando una fuente que, dios bendito, encontré al cabo de un rato, GAD. Una fuente pública, digo, capricho de algún concejal moderno, que tenía chorros y luces brillantes en bonito diseño del Torico de Teruel, a la que me tiré de cabeza en cuanto pude, resbalándome y casi metiéndome en la ingle el cuerno del puto Torico y provocando el asombro de los pocos transeúntes que pasaban por allí a esas horas, extrañados y expectantes, que aplaudian con deleite pensando que aquello era otra perfomance organizada por el concejal moderno... Pero el puto cacharro, el anillo, o sea, parece que era acuático o anfibio, o sumergible, o yo que sé, y no se paraba de ninguna manera, aunque en inmersión sus efectos no eran tan dañinos y con el agua sentía algun alivio en el bajo vientre... Y así, con la pirindola en remojo estuve, bajo la atenta mirada de los curiosos, hasta que en un desesperado esfuerzo conseguí sacarme de la pirulilla el maldito artefacto...

Quedaba ahora el regreso a por los pantalones y todo eso, pero, si acaso, decidí dejarlo para otro día... eh! pues la zorra aquella continuaba dando unos aullidos que encogían el alma...: -Mamón, hijoputa, quién me folla a mi, eh! quién me folla, eh? Desgraciado! Capullo!!...

Como es bien de ver, está claro que la tía dominaba el diccionario..

 * Machucho. Locución del valenciano provenzal que designa a una persona soltera, no separada o divorciada, que nunca ha sufrido los rigores del matrimonio y que practica el auto sexo con un cierto empecinamiento dándose al vicio nefando de Onán y visitando con asiduidad las casas de lenocinio o de putas, si es tío; si es tía, por influencia de la malsana educación, se obceca más en las novenas y rosarios en honor a Santa Justa. Ambos, no obstante, van igual de malfollados y salidos. NE

 

 

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