También en obras pero
con doble música para amenizar la espera - si disfruta de tarifa plana
-
Querido
Doctor Morales, S.L.:
Soy una
mujer, todavía de buen ver, que he sido maltratada por la vida. Curiosamente
todos los hombres pretendían lo mismo de mi; sexo y más sexo.
Buscaban el sexo como el demonio busca el pecado y nuestras debilidades.
Sexo y más sexo, como si fueran animales. Yo, por mi parte, educada
en la mejor tradición de mis padres, católicos como pocos,
aspiraba a conocer a un hombre honesto que diera sentido a mi vida y me hiciera
feliz. Después de muchos avatares, - ¡la de vueltas que da la
vida! - llegué a ejercer de meretriz a jornada completa en una casa
de citas (y desde luego de contactos) de Nueva Orleans. Posiblemente haya
oido vd mi historia cantada una y mil veces en la "la Casa del Sol Naciente",
debiendo aclararle que Joan Baez no me dió ni un duro por derechos
de autor. El caso es que vendía mi cuerpo por unos dólares
(bien pocos, he de confesarle, a fuer de ser sincera) y vivía de forma
miserable hasta que un día, como Dios no olvida a los suyos, fui rescatada
del pendoneo por un rico comerciante de maderas, el cual me colmó
de regalos y de hijos. ¿Podía aspirar a felicidad más
completa que un esposo maderero y veintitrés hijos fuertes y sanos
como robles?: Desde luego que no. Sin embargo el diablo estaba ocioso y no
podía permitir mi felicidad, de suerte que el maderero falleció
- obviamente sin querer, todo hay que decirlo -, con la desagradable sorpresa
de dejarme en la ruína a consecuencia de la crísis del pino
que azotaba a la humanidad por aquellas fechas. Desde entónces he
ido dando retozones, quiero decir tumbos, de un sitio para otro sin conseguir
centrarme: un maquinista de RENFE prejubilado, un tapicero, un fontanero,
tratante de caballos, un jugador de cricket... han sido, entre otros, mis
eventuales amantes, aunque todos salían huyendo, como alma que lleva
el diablo y despues de obtener su ración de sexo, a la primera ocasión
que yo mentaba la palabra matrimonio. Ahora, sin embargo, parece que de nuevo
la vida me sonríe y, con unos ahorros que en su día logré
sisarle al maderero, he montado un gimnasio donde me gano la vida de forma
honesta. (Le acompaño una foto mía haciendo ejercicio. Si se
posa vd sobre élla - al menos si posa su ratón -, podrá
verme haciendo unas series de cinta) >>>>
Bien Doctor,
pues el motivo de pedir su consejo y asesoramiento moral es la pretensión
que, por fín y esta vez parece que en serio, me ha hecho un hombre
maduro de casarse conmigo. Este hombre es viudo, ferretero y buena persona,
pero mi problema moral viene cuando resulta que es el padre de mi fallecido
esposo.
¿Qué
debo hacer, Doctor?, ¿Debo aceptar su petición de mano?. ¿Es
ello moralmente lícito?. ¿Cree vd que pide mi mano porque me
ama o acaso lo hace para cuidar a sus nietos?
Espero
impaciente sus noticias. Suya afectísima, Gumersinda Lobatón.
Querida
Gumersinda:
Lo
que está claro es que ahora se halla vd en condiciones óptimas
para dedicarse al bricollage. Con los conocimientos que pudo sacar del maderero,
luego con el tapicero y el fontanero y ahora con el ferretero, no habrá
bisagra ni repujado que se le resista. Creo que en realidad su suegro de
quien quiere cuidar es de vd., conclusión a la que llego después
de mirar detenidamente su fotografía, quiero decir, después
de estudiar concienzudamente su problema.
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