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La cosa no mejoraba y continuaban los picores. Alguien le estaba jugando una mala pasada - pensó. Educado para persona de provecho, entró raudo en el mercado de trabajo, catalogado en el código de barras como mercancía de segunda con fecha de caducidad a 50 años vista; las expectativas eran como para bailar con un pie... Expectador expectante de la gran película del pensamiento y del mundo, como quién más y quién menos en aquellos tiempos de zozobra, se trasegó en una asentada a Kafka, Marx Carlos, Marx Groucho, (alumno gamberro de la misma escuela de filosofía alemana que el anterior), Dylan, Morrison, Marcuse, Russell, Guevara y otros muchos en un revoltillo infame que, lejos de digerir, le dejó con la cabeza ardiente y los pies fríos, como al mal estudiante.
De modo que seguía sin tener nada claro y con los picores en la chepa. Superada la adolescencia y los consabidas carencias de ligue, participó en mil batallas de la razón, las cuales perdió siempre con incierto resultado; ¿dónde coño estaban los buenos y dónde los malos?, ¡menudo lio!. Sonrió y sonrie con Marx Julius, Kauffman, Allen, Sharpe, Millán Salcedo, Rubianes y todos esos y todos otros, y todos esos otros, dando su alma al diablo por una sonrisa..., pues para ti es su corazón.
En sus ratos de asueto, - dieciocho horas al día, más o menos -, ejerce la segunda profesión más vieja del mundo (y no tan venerable como la primera.) O sea, que ejerce de picapleitos, ayudando a los fuertes a hundir a los débiles a cambio de una sustanciosa minuta con su correspondiente IVA, por supuesto, aunque ofreciendo a éstos el consuelo de que moralmente la justicia está con éllos. La manía de juntar letras y a ver que sale le viene de cuando hizo la mili como oficinista en un poblado sioux de Almería (España), donde "24 compañías, al sonido del tambor... batallones de Viator, ¡chin pom!", les hacía cantar el coronel, amenazando el viejo guerrero al que desafinara con unos cuantos serrvicios de guardia. A la sazón (desde luego el rancho era infame y no puede hablarse de que estuviera bien de sazón) la milicia era forzosa o forzada, o ambas dos cosas a la vez, sin objetores ni objeciones y con ardor guerrero y patrio. (El espíritu de Viriato habitaba entre nosostros). Entonces, ya digo, le surgió la necesidad de pedirle dinero y viandas a su mamá, - salchichones y latas de conserva, mayormente -, la cual no tenía teléfono ni interné, por lo que comenzó a dirigirle enternecedoras cartas reclamándole tela para convidar a los amigotes en la cantina, aunque fuera a cuenta de la herencia, razonamiento que nunca convenció a su madre ni a sus otros hermanos, quienes, en histórico consejo de familia, propusieron abandonarlo a su suerte para que llegara a héroe. Sea como fuere, por imperativo de la milicia, si bien que no un Sakespeare ni un Cervantes, había nacido un juntaletras, pues.
Ha inundado revistas y periódicos con artículos y opiniones de contenido diverso y escaso fuste relatos disparatados, artículos mortalmente serios, series satíricas - y siempre de dudoso gusto. Las hemerotecas recogen sus ocurrencias en el Levante, El Mundo, Gente de la Safor, Safor Guía, Canfali, Revista de Gandia y en GuíaACTIV. También hizo aradio durante un año y pico en Radio Safor, exprimiendo el sabor de la noticia intrépida y adquiriendo una voz campanuda que hoy bien bien le sirve para llamar a los taxis. Devoto de la amistad, la música, el humor y el equívoco, - amén del sexo, como cualquier especie animal -, se levanta cada día dispuesto a no aburrirse. Otras características son sus caries, vista cansada y acento de Montana-Alpedrete cuando se atrave con el inglis de aeropuerto, pero eso ya es personal y no viene al caso.
Su aspecto físico cambia semanalmente, según el eventual éxito de los acreedores que le persiguen, - tal que si lo tocas con el ratón - pudiendo usar bigote, barba, calvicie, boina o barret al efecto de despistar...
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