EN VISPERAS DEL FIN DEL MUNDO
cartas impertinentes
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Desde antiguo los humanos tenemos la manía de contarnos nuestras cosas - mayormente bobadas - garbateándolas en un papel o, últimamente, en una pantalla de píxeles descoloridos. Más allá de las faltas de ortografía y de nuestra escasa instrucción, lo cierto es que la práctica epistolar también delata nuestra desquiciada visión de las cosas, desnudando nuestra alma y apareciendo nuestra soledad desoladora. Eventualmente también aparece nuestras ganas de fastidiar a nuestro corresponsal...

(Podéis bajarlas desde "Llévatelo crudo")

Entre hermanos:

Carta a mi hermano Siam (Pen):

Hermano mío:

Prosigo esta correspondencia que juramos mantener a nuestra madre ante su lecho mortuorio.

Espero que leas esta misiva a pleno día, evitando el tenerme despierto a la luz de la bombilla - o la vela, que agarrado también eres - mientras cegateas descifrando mi caligrafía que nunca has soportado.

Ha pasado mucho tiempo — al menos un par de horas - y, aunque me había jurado a mi mismo no dirigirte la palabra, no puedo evitar comunicarte mis impresiones, siquiera sea de forma epistolar. (Te ruego reprimas tu curiosidad y no me mires de reojo mientras escribo, recuerda lo que nos decía nuestra madre sobre la buena educación.)

Tu hermano adjunto que no puede vivir sin tí.

(Dos hermanos siameses)

De Francisco Peneoso al
Sr. Jefe del Departamento

Sr. Chochoso:
Siendo yo, funcionario modélico de esta Administración, aprovecho el derecho que me concede la ley para solicitarle un pequeño aumento de sueldo por las siguientes razones:
Como bien le consta, conseguí este empleo después de superar una dura oposición y concurso de méritos. A fecha de hoy, Sr., ejecuto un trabajo físico de notable pesadez, laborando a grandes profundidades y usando de forma intensiva la cabeza, si bien no uso casco. No gozo de descanso semanal, ni de días feriados ni de vacaciones; apenas disfruto de 3 o 4 días de asueto cada mes por cierre obligado del centro de trabajo, al hallarse éste en malas condiciones, estando, además, siempre húmedo. No percibo horas extraordinarias ni tampoco plus de nocturnidad, a pesar de la oscuridad que reina en el centro de trabajo, el cual parece una lobera y carece de cualquier ventilación. Es de señalar que el local en ciertos momentos alcanza altas temperaturas, hallándome también expuesto a enfermedades contagiosas.
Espero que todo ello le conmueva y decida a arreglar un poco mi nómina.
Atentamente, Fdo. Francisco Peneoso.

Al Sr. Peneoso, del Jefe de Departamento:
Sirva ésta para contestar a su atenta petición, la cual, atendidas sus razones y argumentos, no puedo por menos que rechazar, en cuanto que su situación laboral real nada tiene que ver con lo que vd describe.
Así, si bien es cierto que consiguió entrar en el puesto después de una durísima oposición y de vencer alguna resistencia que otra, -más aparente que real, para qué engañarnos-, he de recordarle la ilusión y entrega que demostraba al principio de conseguir el empleo, haciendo incluso honor a su apellido: Era proverbial su dedicación y a todas horas quería vd trabajar. Ahora, sin embargo, jamás trabaja 8 horas consecutivas, dándose el caso de que usualmente se duerme en el puesto de trabajo después de una decepcionante y corta actividad laboral, lo cual es intolerable. Por otra parte, nunca responde a las exigencias de esta Jefatura, alegando siempre excusas y evasivas que sólo evidencian la flacidez de su moral de trabajo. Por cierto, que no siempre permanece en su puesto de actividad, introduciéndose a veces en otros departamentos en los que no se le ha perdido nada. Descansa muchas veces antes de tiempo. Ha perdido la inciativa que le caracterizaba en su juventud. Ahora, para que trabaje, hay que estimularle y presionarle. Descuida la limpieza y el orden del local al terminar su jornada. No siempre cumple con las reglas de uso de los medios de protección e higiene en el trabajo. A veces su higiene personal deja mucho que desear, sobre todo en verano, cuando se presenta a su puesto bastante sudado, y siempre, desde luego, está vd sin afeitar. Son constantes sus situaciones de absentismo laboral e incapacidad temporal. Se niega a realizar horas extras y, por supuesto, a doblar turnos. A veces abandona el puesto dejando la tarea a medias, o incluso recíen iniciada. Y, por último, siempre se le ve entrar y salir del centro con dos bolsas bastante sospechosas. ¿Qué guarda en las bolsas?, ¿A dónde va con ellas?
Lamento por todo ello no poder atender a su reclamación, al tiempo que le sugiero ponga más interés en sus tareas y menos en presentar reivindicaciones exageradas a todas luces: Primero cumpla y después veremos.
Atentamente, Vicente Chochoso.

 

Correspondencia entre íntimos amigos:

Segovia, zona baja.

17-01-200, 12,40 horas.

Estimado amigo, Sr. Derecho:

Ignoro qué le autoriza comportarse de esa manera altiva y distante, cuando apenas nos separan unos centímetros; menos de un metro, en el peor de los casos. Cierto que tal vez no estamos hechos el uno para el otro y nuestra convivencia resulte puramente circunstancial, pero al fín y al cabo sólo los ricos eligen su destino y nosotros somos pobres de solemnidad y con patatas. Cierto que ni usted ni yo quisimos nunca someternos al zapato del tirano, pero, sin embargo, si la historia nos tenía reservada esta jugarreta, poco podemos hacer más que resignarnos a nuestra suerte.

Por cierto, ignoro cuando se lavó por última vez. Ignoro incluso si se ha lavado alguna vez, pero lo cierto es que su presencia en la intimidad comienza resultar un tanto embarazosa. Sin duda conoce la existencia de algún producto que puede favorecer nuestra coexistencia de forma pacífica. Ya digo que ninguno de nosotros hemos elegido nuestro destino, como tampoco ser uno de la izquierda y el otro de la derecha, pero aún así no debemos ahorrar esfuerzos que abonen nuestra mejor convivencia. Le ruego por ello, encarecidamente y con todo mi respeto, que atienda al problema de su olor en evitación de problemas mayores.

Suyo afectísimo, Artemio Calcetín

Segovia, zona baja.

17-01-200, 13,27 horas.

A la atención de D. Artemio Calcetín.

Respetable Sr. Izquierdo:

Recibida la suya y aun a riesgo de perder el tiempo, no puedo por menos que contestar a sus descabellados y banales asertos. Le anuncio, no obstante, que ya he dado instrucciones a mis abogados para que se hagan cargo del asunto y actúen como mejor convenga a mis legítimos intereses, por lo que yo en su lugar no dormiría tranquilo a partir de ahora. Y es que de ninguna manera estoy dispuesto a aceptar sus capciosas insinuaciones.

Eventualmente añadiré, por si tal extremo no hubiese quedado claro, que ya hacía días que este humilde servidor habitaba en esta zona cuando se presentó usted inopinadamente el jueves pasado alegando haber perdido su pareja, lo cual ciertamente dice poco en su favor. Sin ser yo devoto de la institución matrimonial, es lo cierto que no me parece buena cosa eso del abandono del hogar así, intepestivamente, cual parece que hizo usted, dejando a su esposa hecha un ovillo, aunque tal vez sea más exacto pensar que fué usted largado de su casa de una patada en su vulgar trasero. En cualquier caso, el dato relevante es que fue usted el que vino a invadir mi territorio situándose en esta íntima vecindad que tan incómoda nos resulta a ambos.

Yendo al grano, Sr., sólo puedo que devolverle por recíproca su acusación de maloliente. Ciertamente que conozco la existencia de los productos a que alude y que combaten el mal olor de pinreles, pero jamás he tenido necesidad de usarlos, pese a haber pasado por situaciones realmente difíciles. He sufrido las inclemencias de los charcos, asi como largas caminatas de nueve horas visitando los grandes almacenes; he afrontado los rigores del verano y el charol con todo estoicismo, conviví un par de días con un compañero roto por el dolor, pero nunca nadie se atrevió a imputarme sus calumnisas insinuaciones.

Pese nuestra obligada proximidad, le ruego tenga a bien olvidarme en lo sucesivo, manteniéndose a la espera de las noticias de mis abogados.

De su consideración, Justino Calcetín (Derecho)

 

Querida amiga:

Ayer visitaba Manhattan pensando en usted y sólo subiéndome en el techo de taxi conseguí hacerle ver al taxista con mi remendado inglés que quería cambiar de dirección, lo que le obligó a bajar el volúmen del radiocassete con cierta desgana, - yo seguía pensando en Vd, ¡qué fijación!, digoo sea, qué nalgas - dificultad nimia comparada con la que tuvo luego él para hacerme entender el importe del carrera y, por supuesto, despreciable comparada con la que tuvo para de conseguir cobrarla.

Precisamente pensando en usted, - y tal vez exista alguna conexión subliminal que se me escapa -, descubro que son muchos los objetos cotidianos que se relacionan con los humanos con cierto resentimiento y no pierden ocasión de ponerlo a uno en evidencia golpeándole o haciéndole otras perrerías: El cazo permite que se salga la leche, la banqueta te golpea en las canillas sin piedad.

Esos son sólo unos ejemplos del desencuentro entre el hombre - y la mujer - y los objetos inanimados cuya adquisición tantas horas de trabajo mal remunerado nos cuesta. Pero Vd - querida - no es ningún objeto inanimado, aunque tal vez sea un objeto virtual, o incluso una holografía.

De hecho últimamente, a fuer de de pensar en usted, - ¡Dios, las nalgas! -, he comenzado a considerar la naturaleza de los objetos virtuales.

Como suelo pensar en Vd en la ducha, rápidamente me he ido a lo práctico, reflexionado en objetos ideales relacionados con la higiene. Por el lugar en que estaba, me ha dado por pensar en la bañera virtual, por ejemplo; un objeto de indudable utilidad siquiera sea porque permite asearte decentemente sin tener que usar la toalla. (Indudable adelanto para un hombre que vive solo y estresado por la colada)

Antes de comprometerse vd. a formalizar nuestra relación, me pide que le hable de mis anteriores esposas, en concreto de la octava y última, de sus peculiaridades y curiosidades y de si se depilaba las cejas. Bien, aclarándole que sí se depilaba las cejas, - y eventualmentey también los pelos de la nariz - creo haberle contado ya lo más importante de su anodina personalidad, aunque no recuerdo si le hablé de sus notables habilidades contorsionistas.

Mi esposa, Irina Junco Dobladillo, - que así se hacía llamar en el mundillo de la farándula -, tenía unas habilidades en cuanto a plasticidad - tal vez plastilinicidad - que fueron desaprovechadas en nuestra aburrida vida conyugal, la cual, desde el segundo mes de matrimonio, comenzó a languidecer un poco cada día.

Yo descubrí dichas habilidades a toro pasado, ya concluído nuestro romance, después de lanzarme al rellano con la maleta y la bolsa de la ropa sucia y cuando ya era imposible recomponer nuestra convivencia matrimonial.

Le cuento. Ignoro si acaso su amante tenía mejor fortuna que yo y a mí sólo me tocaban las agujetas, pero lo cierto es que nuestra actividad sexual a partir del segundo mes se parecía bastante a una plácida siesta de ovejas. A pesar de la extrema anorexia de los tabiques, nuestros vecinos jamás se quejaron de escándalo sexual sonoro, y hasta algunos se hallaban convencidos de que éramos dos hermanos que habían perdido a sus padres y residían huérfanos en aquel cuchitril.

Entre las anécdotas de mi relación con aquel buho, - los ojos de mi esposa siempre me recordaban ese extraño pajarraco y de hecho más de una vez pensé en darle un poco de alpiste -, recuerdo aquel día que regresé precipitadamente al hogar al haberme olvidado un calcetín y darme cuenta mientras esperaba ante el semáforo de la primera esquina.

Al entrar en el zagúan esnifé un alarmante olor. Des luego allí olía a humo, y ninguno de los dos fumábamos, lo que me alarmó un poco. Aún así olvidé el asunto por el agobio del tiempo y el pánico a la bronca de mi jefe.

De modo que, me precipité en la alcoba a la caza del calcetín para poder ponérmelo y estar presentable en el banco, y allí estaba mi esposa, como siempre en la cama.

Cierto que el que estuviera en la cama no me llamó la atención, apenas lo noté, seguramente por la costumbre y por la poca "comunicación" que existía entre ambos en dicho lugar. (Le aclaro que una gran parte de la vida de mi abnegada esposa se consumía en la cama como si fuera una probadora de colchones; la parte restante lo hacía en el sofá.) Sin embargo, el hecho de descubrir al vendedor de salami debajo de la cómoda, al agarrarle del pie creyendo que había dado con el maldito calcetín, sí me produjo una cierta impresión: Al fín y al cabo mi querido buho me había mantenido engañado desde que nos conocimos diciendo que aborrecía el embutido.

Bien, detesto agobiarla con mi cháchara mientras usted se muestra tan silenciosa y, en todo caso, comprendo lo importante que es la discrección en nuestras vidas. De modo que si no podemos decir nada aquí, nada diremos. (Sigue un prolongado silencio)

Me pide que le diga qué tal funciono como amante, encareciéndome sinceridad en este punto que considera tan importante....

Bien, no se haga ilusiones. Admito que no soy el amante ideal. Además, sepa que el presumir de gestas amatorias suele traer malas consecuencias, ya que los amigos no te creen, la esposa te recrimina que no hayan sucedido con élla y la amante te echa en cara tu poca discrección. En todo caso, no creo que mis proezas hicieran enloquecer sus feronomas.

Y es que, Señora, debo aclararle que, aunque mis sentimientos fluyen en cauce torrencial, mi edad me mantiene elajado de la lascivia rijosa y se trata de sentimientos puros alejados de cualquier ímpetu juvenil. Mejor así, ya que, como decía mi abuelo, nadie puede permitir que unos sentimientos volubles relacionados con la entrepierna empañen su buen juicio. (De no tenerlo, puede dejar triscar libremente a los sentimientos en el campo).

Espero verla con gran interés para que podamos debatir nuestro prometedor futuro.

Equívocos ICQ:

E-mail 1) (Enviado por Maudilia Malahostia)

Oye tú, clown, (en mi idioma payaso, por si te interesa), la verdad es que no tengo ni idea de qué pretendes. He recibido tu e-mail y no se quien eres ni que quieres: Posiblemente me hubiera sido fácil de adivinar si en vez de escribirme en inglés con faltas de ortografía, lo hubieras hecho en castellano, - idioma en el que normalmente suelo establecer comunicación con mis semejantes, al igual que tú, supongo -. Pues eso, si quieres escribirme en castellano hazlo, a lo mejor hasta te contesto y todo e incluso podemos entablar amistad, y si no, déjame en paz, que ya bastante tengo que aguantar todos los días a los humanos como para encima tener que soportar que inunden mi correo las máquinas de gilipolleces.... Es posible que la próxima vez te pase al apartado de reemitentes de correo no deseado. Saludos, Barbie Superstar.

 

E-mail 2) (Enviado por servidor automático de ICQ)

Darling miga: Comprovado yo tu tener many mala hostya. Ser muy búfala y hurona. Mi no querer causar problemas; yo solo ser servicio tomático de I see you (ICQ); yo aunque ser simple máquina tener mi corazoncito de cables y bites y no gustar insultos. Mi creer que tu tas like one regaera rota y insultona. Buena idea tu estudiar inglés o usar traductor antes que insultar a esta pobre máquina. Buena idea sido que tu mami te diera ones hostyas cuando tu baby.

Clown (IP 194.235.23.256) That foock you!, mala zorren.

E-mail 2) (Enviado por Maudilia Malahostia)

-----Mensaje original----- De: M.M [SMTP:MM@teleline.es] Enviado el: domingo, 19 de diciembre de 1999 15:31 Para: 'Clow@teleline.es' Asunto: Re al Re

.... Y tú, máquina infame y sohez (sí, sí, no me he equivocado, pues no me refiero a "grosera" sino a "somierda", por tanto es con "h"), tienes very lengua de trapo y muy poca psicología de lo evidente. En primer lugar te diré que no tengo many mala hostya, sino meny mala leche, lo cual que no es lo mismo en absoluto, por que la hostya se come y la leche se bebe, aunque también se puede pegar una hostya y una leche -de ahí puede que venga tu confusión-, pero en cualquier caso la leche siempre resulta mucho más suave y con menos calorías (sobre todo si es desnatada y sin cola cao ni azúcar) que la hostya, por tanto me quedo con la leche. En segundo lugar que yo no soy ni búfala ni hurona ni estoy cual regaera ni muchísimo menos mala zorren, sin duda esos calificativos le serán más de aplicación a tu Post Meridium, -ya sabes-, que a mi, por tanto me doy por eludida o simplemente por no aludida aunque sin olvidar que estoy ofendida y un poco escindida. En cuanto a las ostias, pues sí que las recibí y en abundancia, a partir de los 9 años, pero no me las daba mi mami,-que no tenía licencia para ello-, sino el señor cura de mi colegio, de la Insigne Colegiata y del Palacio Ducal, -lugares que sol’a yo frecuentar cuando era un alma cándida y devota-, aunque es posible que no me hicieran efecto ya que se decía -y en eso las monjas eran tajantes- que la susodicha elementa debía de tragarse entera, lo cual yo nunca conseguí, pues siempre se me pegaba al paladar y tenía que despegármela con la lengua y grandes esfuerzos y se rompía toda y me daba ahogo y tos, entonces la masticaba y la tragaba, siempre era así, era tal el esfuerzo que supongo que por eso debe de ser que prefiero la leche, -tal y como te he dicho antes-, amén de que a veces estaban rancias y sabían a rayos. Pero nunca me dio cargo de conciencia pues pensaba que a Dios le daría lo mismo que lo tragara entero o a trozos y además yo lo intentaba... (no sé por qué te cuento este íntimo secreto, pero ahora ya está).

Por último, explicame que significa lo que a continuación transcribo " Clown (IP 194.235.23.256) That foock you!" Y de paso dime si la numeración tiene algún significado esotérico o es una clave secreta o kabalística o es simple burrera y ganas de hacer el chorra???. En fin, que he empezado contestándole a la máquina y termino hablándole al cabrón que sin duda se esconde en algún disco duro. ¡joputa!.


 



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