Y
VA DE MÓVILES
Estaréis de
acuerdo - de no estarlo no pasa nada, no le déis más vueltas
- en que el teléfono móvil ha causado desde sus inicios un
trastorno y revuelo tal en nuestras vidas, que bien merece que se haga un
recorrido - aunque breve y en calesa - desde sus orígenes a la actualidad.
Recuerdo que al principio
su tarea era únicamente funcional; permitir la comunicación
allí donde te encontraras.
Decía que si
tenías un móvil eras un elegido de los dioses, pues únicamente
disfrutaban de él unos pocos privilegiados, los cuales, aprovechando
la mezcla de temor-admiración que prodigábamos el resto de
mortales a tan sofisticado aparato, no dudaban en desenfundar el instrumento
en plena vía pública, como el tío de la gabardina, y
cuando más gente hubiera delante mejor, enzarzándose en una
conversación que vaya usted a saber si era fruto de las múltiples
ocupaciones y reclamos del yuppie en cuestión o se trataba simplemente
de una conversación de besugos - o sea trivial, como es usual en estos
bichos marinos - cuya única finalidad era la de dejar claro al personal
aquello de ¡ojo conmigo que soy una persona "very important" con móvil
y mastercard!
No sé si por
fortuna o por desgracia - o por ambas cosas a partes iguales - con el correr
de los tiempos, y para gloria y disfrute del ciudadano de a pie ( y también
para los ciclistas ) se socializó el invento, hasta llegar a ofertarse
teléfonos en las situaciones más variopintas e insospechadas:
si te tomabas dos copas en cierto pub de moda, te regalaban un móvil,
si abrías una cuenta en tal entidad ba ncaria
o si comprabas dos melones y un kilo de patatas en algún supermercado
ídem de lo mismo, si participabas en algún concurso de radio
o de barrio o adquirías un coche de cierta marca también conseguías
tu trofeo...
Y ¿qué
pasó entonces?... pues que el susodicho aparato pasó de ser
privilegio de unos pocos a convertirse en ineludible necesidad popular; tener
uno era cosa de vida o muerte, y transformando la supuesta cordura general
en histérico frenesí "movilizado".
De modo que hombres
de toda clase y condición exhibían con orgullo el cachivache
de teclas enganchado en la cintura, mientras que las marujas y lolitas locales
lo llevaban pegado a la oreja mientras regresaban del super aprovechando
el momento - por lo apretado de sus agendas - para relatarle a la vecina
o interlocutora de turno las ofertas del día o para despellejar a
la fulanita o la menganita que hoy llevaba un atuendo de infarto hortera
o un peinado de impresión o tonteaba, la muy víbora, - ¡a
sus años!, ¡qué poca vergüenza! - con el de la pescadería,
que, por cierto, tenía los precios por las nubes y engañaba
en el peso...
Claro que para hacer
justicia, hemos de salvar de la vorágine "movilística" ( y
de la hoguera ) a aquel sector mucho más recatado y comedido, cuyos
integrantes guardan el teléfono en el bolsillo de la americana - ellos
- o en el interior del bolso - ellas - o bien lo colocan en sus carteras
de trabajo junto a los expedientes y demás papeles - ambos -, de modo
que a simple vista no se aprecia: sólo se oye, aunque a veces vibra
y parece que tiene uno un terremoto en el bolsillo.
Se diferencia este
grupo de modosos del resto de usuarios frenéticos, en que cuando caminan
por la calle y suenan sus teléfonos, se ruborizan levemente y hasta
creo que tosen, se detienen, buscan un rincón discreto donde mantener
su conversación alejados de las miradas ajenas y utilizan el teléfono
cuando es necesario, al contrario que el grupo anterior que, además
de pasarse el día colgado del móvil por vicio, ( o por cualquier
otro motivo que no acierto a comprender ), requiere de la contemplación
de los demás para dar sentido a sus llamadas, o sea, a sus vidas.
De modo que si la operación se realiza en la calle principal, ¡miel
sobre hojuelas!, pero si te sorprende en un callejón de barrio periférico...
¡che que mala pata! 
Y...¿qué
me dicen de los automovilistas que con la derecha cogen el volante y con
la izquierda aguantan el teléfono mientras se pasean por el centro
de la ciudad, procurando que el objeto en cuestión sea bien visible
desde la ventanilla por si acaso?... Estos conductores-conversadores, aun
teniendo todos la misma actitud, provocan en el personal reacciones bien
diferentes: si conducen un coche ostentoso, - de esos que causan la envidia
en la mayoría -, inevitablemente provocan un "oh" de admiración
en el viandante de turno, pero ¡ay del mísero que lleva un coche
modesto y se atreve a utilizar el móvil!: el comentario inmediato
es "será payaso el tío ese", o a lo mejor con un poco de suerte,
se le rebaja la pena a un simple " será peliculero y mamón",
lo que es mucho más compasivo que el comentario anterior.
Y el caso es que no
queda ahí el asunto, porque luego vienen las variaciones de estilo
debidas a la influencia de la moda, que ha sufrido en su composición
el venerado teléfono, y las sensaciones que ello produce en el usuario.
Así que si tienes un teléfono minúsculo y de color amarillo
o azul...¡date por satisfecho, por que estás a la última!,
- bueno a la penúltima -, pero si tu teléfono es de tamaño
regular y encima negro...¡ponte a llorar porque eres un carca y estás
pasado de moda!.
A modo de ejemplo citaré
a cierto grupo de amigas que se reúnen para tomar café en una
cafetería de esas tan peculiares del casco antiguo de la ciudad y
¡como no! todas, absolutamente todas, sacan el móvil del bolso
y lo ponen sobre la mesa no sé si por aquello de la cobertura o por
enseñar al prójimo tan preciado tesoro. Pues bien, en estas
circunstancias el comentario inmediato siempre suele ser el mismo: "Ay Mari
que pequeño... es monísimo,... parece el teléfono de
la Barbie,... el azul me encanta", la respuesta de la afortunada poseedora
también suele ser la misma: "¿de verdad te gusta Mari?, es que
yo soy muy moderna..." y así todas las demás que no son ni
tan dichosas ni tan modernas, miran el de ella con respeto y admiración,
el propio con desprecio y frustración y una tras otra, lo van introduciendo
de nuevo en el bolso hasta que únicamente queda triunfante sobre la
mesa el mini móvil azul.
Por si acaso el hecho
de no tener móvil pequeñito y de color fuera poco y no causara
ya bastantes disgustos, traumas y sinsabores al personal, faltaba lo que
yo considero ya ¡el colmo!, ¡el colmo de la telefonía y
la tontería!, lo último en diseño y moda... el nuevo
teléfono con carcasas de colores intercambiables, de modo que si vas
vestido de rojo, le pones la carcasa roja, si vas de verde la verde, si de
amarillo la amarilla... ¡Dios mío ayúdame! ¡Que va
a ser de mí!, ¡mi teléfono es verde y voy vestida de azul,
pero llevo las uñas pintadas de rojo, que horror...si parezco el arco
iris! -dice ante el nuevo invento, la que antes se creía afortunada
por tener un teléfono de color-.
Es evidente (y para
mí desconcertante) que el teléfono ha pasado de ser un elemento
funcional a un elemento de pura estética, ¡véase si no!
Ahora ya no es "in" tener un móvil cualquiera que te permita comunicarte,
sino que éste, además de ser de colores ha de hacer juego con
tu ropa.
Por ello amigo mío,
si formas parte de cualquier grupo de los expuestos anteriormente, (menos
el de los recatados o modosos), no te molestes en hacer ostentación
de tu móvil si éste pertenece al estilo tradicional, pues lo
único que conseguirás será un comentario del tipo "¡qué
hortera!".
Tampoco te amargues
tratando de conseguir un móvil de colores a toda costa, aborreciendo
desde el fondo de tu alma el que ya tienes y haciéndolo responsable
de todas tus desgracias, consuélate pensando que aunque quieras, nunca
podrás estar a la última, pues el aparatejo en cuestión
sigue evolucionando de forma vertiginosa, por lo que no sería de extrañar
que un día de estos se inventara el móvil que además
de colores, tuviera sabores, alternando también el dulce y el salado,
dando cabida ¡como no! al móvil bajo en calorías, con
lo que ya pasaríamos de la función estética a la nutricional
y quie n
sabe hasta donde seremos capaces de llegar... tiempo al tiempo.  
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